Andan la FIA y los responsables técnicos de los equipos enfrascados en mejorar el espectáculo de la Fórmula 1.

Por: Miguel Cueto

Se reúnen periódicamente en el llamado “grupo de estrategia” donde se rompen los sesos para buscar ideas y hallar consenso para introducir alguna medida que equilibre las fuerzas, que proporcione más igualdad, más espectáculo.

Y en cada cambio, en cuanto abren la mano para que innoven escuderías o pilotos, ocurre que los mejores siempre lo aprovechan mejor.

En la historia más reciente sucedió con Mercedes en el cambio al motor híbrido V6: su dominio ha sido apabullante desde comienzos del año pasado, rubricado en el GP de Bélgica con el enésimo doblete, fruto de la tremenda inversión que el equipo viene desembolsando en los últimos años.

Sucede también con los pilotos 

La nueva normativa estrenada en Spa que prohíbe a los pilotos recibir mensajes por radio para calibrar múltiples parámetros del coche antes de la salida no hizo más que evidenciar la superioridad de Lewis Hamilton frente a su compañero y único rival al título, Nico Rosberg. El inglés salió como un tiro desde la pole y dominó la carrera de principio a fin, mientras que el alemán se quedó patinando en la salida, cayó a la quinta posición y bastante tuvo con remontar hasta la segunda.

“El dominio de Mercedes es fruto de la tremenda inversión del equipo”

Siempre es igual 
Ocurre como con la lluvia. Cuando el asfalto se empapa, desnuda todas las carencias de happy wheels demo los pilotos menos dotados y emergen las virtudes de los más talentosos.

Sucede con cualquier dificultad, como los neumáticos de este año, que no permiten una sola alegría y un pequeño patinaje los sube de temperatura los saca de rango de eficiencia y fastidia los tiempos de esa vuelta o de las siguientes. Y eso sucede con los Pirelli de este año o con cualquier otro proveedor.

Quien recuerde la temporada 2005 con Michelin y Bridgestone aún tendrá en la memoria los planos en las ruedas de los pilotos menos dotados que dejaban las ruedas ‘cuadradas’ en un año en el que era obligatorio utilizar un solo juego de neumáticos para clasificación y carrera. Por supuesto, cuanto mejor era el coche, cuanto más equilibrado, cuanta más carga aerodinámica pudiera generar, más fácil era evitar ese plano en una frenada.

Da igual la época de la F-1 que se trate para equilibrar las fuerzas tendrían que desarrollarse medidas que tendieran a enmascarar las deficiencias de los peores coches, de los pilotos más lentos y a minimizar las virtudes de los monoplazas más rápidos, de los conductores más talentosos.

Una tremenda injusticia si hablamos de deporte, puede que un acierto si se trata de un espectáculo. Aunque a lo mejor, sólo a lo mejor, habría que definir antes qué es la F-1: un deporte, un espectáculo, o una mezcla de ambos, o simplemente si éste es un campeonato de coches o de pilotos.